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Reconociendo tus miedos.

¿Alguna vez has tenido algún miedo tan grande que te petrifica y no puedes dar ni un paso hacia atrás ni hacia adelante?

No te preocupes, aceptarlo no te hará ni más valiente ni más débil. Los miedos son sensaciones de angustia provocadas por la presencia de un peligro real o imaginario.

Con un “peligro real” hagamos referencia a una experiencia fuerte como un choque, estar en un hospital, o en alguna situación de riesgo que permite que nuestra adrenalina suba y alimente esa angustia, ese miedo.

Con un “peligro imaginario” me gustaría hacer referencia a esas cosas que te susurra el ego en tu oído mientras duermes, comes, viajas, caminas, trabajas y en un sinfín de lugares  en los que encuentra la manera de colarse en tu subconsciente.

De pequeña tuve un evento muy cercano a la muerte y ahí, en ese cuarto  de hospital, esperando a que llegara un doctor más para examinarme y descartara leucemia en mi cuerpo, miraba a mis padres tan fuera de sí que lo que más me dio miedo en ese momento fue dejar esta vida sin haberlos disfrutado lo suficiente. Verlos sufrir de una manera tan inexplicable para mi corta edad, me regaló la fuerza para decirles: “todo estará bien, contando algún chiste después”, mientras por dentro me desgarrara el miedo de no saber lo que pasaría después.

En ese momento la vida me regaló 2 opciones:

  1. Victimizarme y pasar los “últimos” momentos de mi vida sana, lamentándome o culpando a alguien por lo que me ocurría
  2. Tomaba fuerza del amor con el que mis padres me acogieron desde pequeña para juntos tomarnos de las manos y avanzar contra todo lo que viniera llenos de  amor incondicional.

A todos los que me conocen, saben que rendirme no es una palabra que se encuentre en mi vocabulario. Así que decidí superar mi propio miedo por un bien mayor, regalarles a mis padres momentos de amor que pudieran aliviar su corazón angustiado.

En ese entonces no tenía idea de la energía que se movió dentro de ese cuarto de hospital pero hoy estoy totalmente consciente de que aceptar mi miedo y transmutarlo en un acto de amor incondicional movió la energía de tal manera que lo imposible se volvió posible y al día siguiente entró a la habitación el oncólogo con su diagnóstico final: “Sugey tiene una enfermedad no común en niños de su edad y atípica en el país que debilitó su torrente sanguíneo pero no la destruirá”. Ya podrás imaginar la felicidad que sintieron mis padres y el descanso de mi alma al escuchar dichas palabras.

Te comparto esta vivencia para que desde un papel externo al evento puedas apreciar de mejor manera como el miedo es tan poderoso en positivo como en negativo. La elección de qué poder darle es únicamente tuya.

Todo aquello que te da miedo es igual de hermoso que lo que te llena de felicidad pues es parte de ti, es ese lado oscuro que a pocas personas les dejas ver por temor a ser juzgado. ¿Y si  primero dejas de juzgarte y aceptas todos y cada uno de los miedos que guardas debajo de ese velo que les has puesto para disimularlos ante todos, incluso ante ti mismo?

Si deseas detectar todo aquello que te causa miedo puedes poner en práctica un ejercicio muy sencillo que tiene que ver con la introspección para desenterrar tus miedos más profundos, no los superfluos o lo que compartes con algunas amistades. No, estoy hablando de los que arrinconas en cada esquina de tu hermoso espíritu, esos que están tan bien escondidos que seguro ya hasta olvidaste que hace años los dejaste ahí.

Una vez que los hayas desempolvado, elige 3 sucesos de tu vida en los que el miedo hizo acto de presencia en tu cuerpo y ubica cuál de los miedos que desenterraste se hace presente en cada uno de esos eventos.

Una vez que los hayas desempolvado e identificado perfectamente bien, el siguiente paso será imagínarlos como una gelatina gigante ante ti. Y de manera amorosa le dirás:”Hola miedo a____________________ estás tan alto que excedes tres veces mi altura y está muy lindo ver todo desde allá arriba, me imagino –nunca he estado tan alta(o)-. Has estado mucho tiempo allá arriba solo, ¿qué te parece si damos un paseo juntos, vamos a la playa, me acompañas???

Usa las palabras que creas necesarias para convencerlo de que te acompañe al mar, al que más te guste y cuando hayas logrado que esté en el mar contigo imagínalo de frente a ti, flotando igual de liviano que tú sin más poder ni más altura que la tuya y  dile con amor : “Se que siempre me acompañarás y no está mal pues eres parte de mi pero a partir de hoy te agradezco tu presencia pues sin ti mi vida sería muy sencilla y gracias a ti, tengo la fortaleza necesaria para continuar” y abrázalo.

La idea de este ejercicio es comprender que los miedos siempre estarán ahí arrinconados o a flor de piel pero no te victimices ante ellos, al contrario,  acepta que son parte de ti y no menos hermosa que las bendiciones con las que ya cuentas.

Así que por cada suceso que elegiste en el que el miedo empolvado se hizo presente encuentra un bien inherente, es decir, algo bueno que dejó ese miedo en ese suceso, agradécelo y libéralo .

Recuerda que los miedos forman parte de tu lado oscuro y que entre más crece tu luz, de igual manera,  lo hace tu oscuridad pero todo esto es parte de un equilibrio perfecto pues la luz te está brindando las herramientas necesarias para abrazar tu lado oscuro y aceptarlo desde el amor incondicional.

Bendiciones infinitas.

Namasté

Escrito por:

Sugey Salazar Álvarez

Angelóloga

Coméntanos qué te pareció esta lectura y compártela para que más personas comiencen a reconocer y trabajar sus miedos para liberarse y vibrar en abundancia. ¡Hasta luego!

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